La histeria de los bombazos

Hace un tiempo atrás comenzó la histeria de los bombazos. Artefactos explosivos detonaban en diversos puntos de la ciudad de Santiago, todos en horarios con baja afluencia de ciudadanos. Cabe recordar que uno de ellos y que llamó bastante la atención fue el artefacto explosivo colocado junto a la iglesia Santa Ana, ubicada en las calles Catedral y San Martín, que no causó daños a personas aunque sí a la infraestructura del inmueble. Aunque más tarde la policía informó que también se realizó la desactivación de otra bomba, muy cerca de un jardín infantil.

Así y con ésta básica información la gente comenzó alarmarse de inmediato, comentarios en Twitter de que Santiago ya no era un lugar seguro, eran escuchados por varias personas, sin dejar de lado aquellos que opinaban que nos estábamos convirtiendo en un punto fuerte de atentados casi terroristas.

Sin embargo, ayer lamentablemente hubo víctimas de una nueva explosión en el Subcentro del Metro Escuela Militrar,  a solo segundos de la detonación los medios y las redes sociales se llenaban de información respecto del hecho. Y no solo Chile estaba alarmado, ya que la noticia fue mencionada en más partes del mundo.

De inmediato la gente comenzó alarmarse nuevamente, algunos prefirieron incluso no utilizar aquel transporte público por miedo a otra detonación. La gente a través de las redes sociales imputaba el hecho a grupos anarquistas, que simplemente no tenían nada más que hacer.

Y ahí es donde debemos detenernos a pensar un poco más allá de la información que nos entregan los medios tradicionales, si bien el Fiscal a cargo del caso confirmó que no existe grupo que se atribuya dicho atentado, la ciudadanía desinformada tiende a inculpar a grupos anarquistas, ya sea por su vestimenta, ideales, música, etc.  

La idea no es alarmar a la gente, sino que hacerla consiente que estos hechos son parte de un descontento que quiere hacerse notar, si bien no es la mejor forma, la intención de aquellos  es llamar la atención, perturbando la tranquilidad y seguridad de la ciudad.

A pesar de todo, quisiera que la Fiscalía de nuestro país haga bien su trabajo, que busque la verdad intrínseca, que la corrupción no se haga presente y que los inocentes no sean encarcelados injustamente.

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